Vuelta a Castellolí tres años después
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Castelloli · 23 Nov 2025

Vuelta a Castellolí tres años después

Volver a Castellolí tenía un significado especial. Fue el circuito donde empezó todo, el primer sitio donde entré a pista con el 206 y donde descubrí que los trackdays iban a convertirse en algo más que una experiencia puntual.

Tres años después, regresar allí no era simplemente volver a rodar. Era medir el camino recorrido.

El día anterior salí desde La Rioja hacia Lleida, donde me esperaba un amigo al que aprecio mucho. Esa parte también hizo especial la jornada. Compartir circuito con alguien importante, viajar, cenar, hablar del día siguiente y vivir todo el plan juntos cambia mucho el recuerdo que te llevas.

A la mañana siguiente salimos hacia Castellolí, cada uno en su coche. Él venía con su Citroën Saxo VTS 16v, una joya perfecta para este tipo de día: ligero, directo, con carácter y con una filosofía muy parecida a la del 206.

Llegar a Castellolí esta vez fue muy diferente a la primera. Ya no estaban los nervios del desconocimiento. El circuito seguía imponiendo respeto, pero sus curvas, referencias y cambios de ritmo resultaban familiares. Y ahí aparece una sensación curiosa: el circuito es el mismo, pero tú no.

Donde antes había dudas, ahora había referencias. Donde antes solo intentaba pasar limpio, ahora podía pensar en hacerlo mejor. Repetir un trazado con más experiencia encima es una forma muy clara de ver cuánto has aprendido.

Rodar junto al Saxo fue uno de los grandes puntos del día. Son coches que comparten mucho en filosofía: pequeños, ligeros, sencillos y muy divertidos cuando llegan las curvas. Verlo delante, descolgando la trasera con naturalidad y sonando como tiene que sonar un 16v, fue de esos momentos en los que casi prefieres seguir detrás antes que adelantar.

Rodar con alguien conocido tiene una complicidad especial. No hace falta hablar dentro de la pista. Uno delante, otro detrás, alternando posiciones, pendientes del retrovisor o del coche que aparece en el horizonte. Entre tandas, la conversación continúa sola: una curva, una frenada, una trazada, una reacción del coche.

Castellolí volvió a demostrar por qué encaja tan bien con el 206. Es técnico, tiene ritmo y no depende solo de potencia. Pide precisión, confianza y fluidez. Si respetas el trazado, el coche empieza a trabajar de una forma muy agradecida.

El día también tuvo un extra inesperado en el paddock: coincidimos con otro compañero del grupo 206 GTI España. Como suele pasar en estos eventos, todo empezó con una conversación entre boxes y terminó rodando juntos. Era rápido, muy rápido, de esos que al aparecer por el retrovisor te hacen entender al momento que viene con otro ritmo.

Compartir pista con gente más rápida también enseña. Ves referencias, formas distintas de colocar el coche y hasta dónde puede llegar una base parecida en buenas manos.

Al final del día, Castellolí volvió a dejar esa sensación de haber estado en un sitio importante. No fue solo volver al circuito donde empezó todo. Fue volver con más experiencia, con mejor lectura del coche y compartiendo la jornada con alguien que hizo que el día tuviera todavía más valor.

Castellolí fue el punto de partida. Tres años después, volver allí sirvió para comprobar que todo lo vivido desde entonces tenía sentido.
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